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Un patrimonio excepcional: las ediciones ilustradas de Ovidio de la librería franciscana de Santiago (I)

El rastreo de la obra ilustrada de Ovidio en las bibliotecas españolas que realiza la Biblioteca Digital Ovidiana nos llevó en los primeros años de la primera fase del proyecto de investigación a la magnífica librería conventual que alberga el convento de los franciscanos de Santiago de Compostela, también conocido como el Convento de San Francisco do Val de Deus. La librería está alojada dentro del complejo del convento situado en el Campillo de San Francisco, 3, a unos cientos de metros de la plaza del Obradoiro. En este momento, el propio convento, un edificio de gran envergadura al que se une una magnífica iglesia diseñada en el siglo XVIII por Simón Rodríguez, un conjunto declarado Monumento histórico artístico el 16 de agosto de 1896, forma parte de un gran complejo hotelero que mantiene en su interior las dependencias de los franciscanos entre los que se encuentra la propia biblioteca.

El convento, que está construido en un terreno llamado Val de Deus que originariamente perteneció al monasterio de San Martín Pinario, hunde sus raíces en el siglo XIII cuando, según reza la leyenda, lo funda San Francisco en una peregrinación a Compostela en 1214, encargando su construcción a un carbonero compostelano que, junto a su familia, había acogido al fraile. Del primitivo convento no quedan más que los cinco arcos apuntados de la sala capitular que se pueden ver en el claustro principal y el sepulcro de Cotolay, el hospitalario y piadoso carbonero.

Prácticamente desde el momento de su fundación y con el inicio de los estudios teológicos de los frailes se empieza a constituir la biblioteca que en la actualidad cuenta con más de 100.000 volúmenes y es una de las bibliotecas más importantes de Galicia. Del conjunto unos 80.000 forman el Fondo Antiguo en el que destaca un número considerable de incunables y post-incunables. La librería posee entre otras obras excepcionales por su antigüedad y rareza un confesional de Alonso Madrigal, el Tostado, impreso en Salamanca en 1499, del que sólo hay otro ejemplar en Estados Unidos. Y entre todas las joyas bibliográficas de este fondo tan relevante no falta una serie de ejemplares de las obras ilustradas de Ovidio que son interesantes también por su rareza en relación con los fondos españoles. Los ejemplares ovidianos proceden de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. 

Nueve ejemplares componen el “Ovidio ilustrado” de la librería conventual: una edición latina de las Metamorfosis con comentario de Rafael Regio, editada en Lyon en 1528[5]; una edición bilingüe latín-francés de las Metamorfosis, publicada en Bruselas en 1677; dos conjuntos de obras completas en tres tomos del XVIII, y un tomo de la traducción española de las Metamorfosis que se edita en Madrid entre 1805 y 1819. Este grupo de piezas constituye un interesante muestreo de las ediciones de las obras ovidianas ilustradas, porque, a excepción de las ediciones del siglo XVIII, los ejemplares del siglo XVI, XVII y XIX son únicos en las bibliotecas de Galicia.

El siglo XVI: las Metamorfosis lionesas de 1528

Comenzando el análisis por orden cronológico, el primer ejemplar que hay que comentar es el correspondiente a la edición latina de las Metamorfosis impresa en Lyon en 1528. Se trata de un ejemplar especialmente interesante, porque pertenece a una edición bastante singular dentro del patrimonio bibliográfico español, ya que, no solo es único en las bibliotecas gallegas, sino que constituye un verdadero raro, dado que no hay más que otro ejemplar conocido que se encuentra en la Biblioteca de Reserva de la Universidad de Barcelona. El ejemplar de San Francisco (M.CSF.Lyon.1528) tiene además la característica añadida de ser un ejemplar mutilado, falto de portada y de numerosas páginas, de modo que no estaba totalmente identificado en la antigua catalogación de la biblioteca. La ausencia de la portada y del colofón dificultaba de manera extraordinaria la identificación de la edición a la que pertenecía el ejemplar, que estaba catalogado sencillamente como una edición de las Metamorfosis. La comparación de los tipos con otros ejemplares conocidos de ediciones francesas del mismo momento nos condujo a la conclusión de que se trataba de un ejemplar de una de las ediciones latinas con comentario de Rafael Regio que se editaron y reimprimieron en Lyon a partir de 1510, y, de manera concreta, de la de 1528, editada por Guillaume Boullé e impresa por Jean Crespin

Esta edición, en realidad, no es más que una reimpresión de la edición del año 1527, realizada por el mismo impresor y a cargo del mismo editor, y es prácticamente idéntica, pues ambas tiradas solo se diferencian en la portada y en pequeños detalles en los tipos y la caja. El contenido de ambas ediciones es el mismo: el texto latino fijado por Bonus Accursius que se imprimió por primera vez en Milán en 1475; la exégesis de Raphael Regius que apareció por primera vez en Venecia en 1493; una vida de Ovidio; las Tropologicae expositiones de Petrus Lavinius y los Argumenta o resúmenes atribuidos a Lactancio Plácido, publicados conjuntamente por primera vez en la edición de Lyon de 1510; el texto va acompañado también por los comentarios de Jacobus Crucius, Joannes Baptista Pius, Ludovicus Celius, J. Baptista Egnatius y Philippus Beroaldus, añadidos en sucesivas ediciones, y a todo esto se añaden los dísticos de Joannes Franciscus Quintianus Stoa, incluidos por primera vez en la edición de 1527. El ejemplar compostelano carece de gran parte de este contenido, ya que faltan la vida de Ovidio, los prefacios de Regius, el comentario de Lavinius y los dísticos de Quintiano, así como los inicios de los libros 1, 5, 8 y 15 y por tanto las respectivas imágenes que los introducían.

Desde el punto de vista de la ilustración, ambas ediciones iban adornadas igual, con dieciséis xilografías: quince grabados para ilustrar cada uno de los libros de las Metamorfosis y un grabado con el diagrama astronómico circular con los vientos, las zonas climáticas de la tierra y los solsticios y equinoccios, que figura por primera vez en el incunable veneciano de 1493, que ya conocemos de nuestra visita a los fondos de la Biblioteca Xeral de Santiago y que se incluye desde ese momento en todas las ediciones con el comentario de Regio. Las ilustraciones del texto, que narran una o varias escenas relacionadas con un episodio de cada libro, de acuerdo con el modo de la “narración continua”, son una reutilización de los grabados, creados para la edición de Lyon de 1510, que están atribuidos al ilustrador Guillaume II Leroy. 

Las estampas representan quince episodios relacionados con las historias narradas al principio de cada uno de los libros del poema ovidiano, de acuerdo con el esquema creado para la edición de 1510, en la que se establece el modelo de la serie de grabados. La selección de historias escogidas para ilustrar estas ediciones latinas de Lyon incluía los siguientes episodios: la creación del mundo, para el libro primero; la historia completa de Faetón con su trágico final, para el libro 2; la historia de Cadmo y la fundación de Beocia del libro 3; el episodio de las Miníades, libro 4; para el libro 5, la lucha entre Perseo y Fineo; la historia de Aracne para el libro 6; en el libro 7, las aventuras de Jasón en la Cólquide; para el octavo libro, la historia de Minos y Escila de Mégara; para el libro 9, la historia de la lucha entre Hércules y Aquelóo, con la boda del héroe vencedor con Deyanira y el episodio posterior del intento del rapto de Neso; para los libros 10 y 11, la historia de Orfeo y Eurídice y la muerte de Orfeo, respectivamente; para el libro 12, el prodigio de Aúlide, antes de la partida para Troya de los héroes griegos; para el 13, el juicio sobre las armas de Aquiles, el posterior suicidio de Ayax y las circunstancias de la venganza de Hécuba; para el libro 14, la visita de Glauco a Circe para pedirle ayuda para conseguir el amor de Escila, y la coronación de Numa y su encuentro con Pitágoras en Crotona, para ilustrar el libro 15. 

El siglo XVII: la gran edición belga de 1677

            El “Ovidio ilustrado” del siglo XVII está representado en la librería franciscana por un ejemplar único de un libro excepcional: la edición del impresor belga François Foppens publicada en Bruselas en 1677, bajo el título Les Métamorphoses d’Ovide en latin et en françois, divisées en XV livres, avec de nouvelles Explications Historiques Morales & Politiques, sur toutes les Fables, chacune selon son sujet; de la traduction de Mr Pierre Du-Ryer parisien, de l’Académie Françoise. Édition nouvelle, enrichie de tres-belles figures. Se trata de una edición de gran formato, un gran folio, con el texto latino de las Metamorfosis y la traducción francesa en prosa realizada por Pierre Du-Ryer. La edición de Foppens contiene, además, el Juicio de Paris en la traducción francesa de Nicolás Renouard, y veinte de las veintiuna Heroidas o epístolas de las heroínas traducidas también al francés. El texto del poema, dividido en fábulas, va precedido de los argumentos o resúmenes y seguido de explicaciones. Se trata, por tanto, de una edición un tanto especial, sobre todo, por su aparato figurativo y por la calidad de la impresión, fruto de la labor de un impresor de gran talento como Foppens; un producto editorial destinado a poseedores de alto nivel, como se aprecia en la dedicatoria del librero a Carlos V de Lorena.

Desde el punto de vista de la ilustración, como se anuncia en su título, la edición va enriquecida con una serie de ilustraciones, designadas como tres-belles figures, que se encarnan en un conjunto de ciento veintiséis aguafuertes de calidad desigual: el grabado de la portada, firmado por Bouché, el grabado con el retrato del príncipe Carlos de Lorena, ciento veintitrés grabados para otros tantos episodios de las Metamorfosis y uno más para ilustrar el texto del Juicio de Paris. Las Heroidas no llevan ilustración alguna. Sin duda, uno de los grandes atractivos de esta gran empresa editorial lo constituye, por una parte, el hecho de que la serie de grabados para la ilustración del poema es nueva. Se ilustran ciento veintitrés episodios o fábulas de los más de doscientos que componen las historias de las Metamorfosis y, aunque las creaciones están dentro de la tradición de la ilustración anterior, muchas de las propuestas son novedosas. Por otra parte, la serie está llena de creaciones de grandes grabadores flamencos, que, sin embargo, aparecen mezcladas con estampas de peor factura. 

Varios de los grabados van firmados, lo que nos permite poner nombre a algunos de los creadores implicados en la nueva ilustración de los episodios ovidianos. Por su firma identificamos a Martin Bouché, que firma, como grabador, la portada y once grabados; Frederick Bouttats, que firma seis grabados; Paul Bouché, que firma tres, además de Peeter Clouwet, que firma, como grabador, el grabado nº 3, en el que figura como diseñador Abraham van Diepenbeeck. Por otra parte, el monogramista HA, un artista no identificado con seguridad, firma como responsable del diseño de tres de los grabados. No obstante, la lista de artistas se amplía gracias a las investigaciones de varios estudiosos que argumentan la atribución de buena parte de las estampas a varios miembros de conocida familia de grabadores flamencos de Passe. El trabajo de los grabadores refleja o trasmite directamente creaciones de artistas, que ya habían fallecido cuando se acomete esta empresa editorial, e incorpora versiones en grabado de cuadros de los grandes pintores flamencos del momento, como Rubens o Rembrandt, que están detrás de algunas de las estampas, como la nº 16 (Juno coloca los ojos de Argos en la cola del pavo real) o la nº 32 que cuenta la historia de Acteón y el baño de Diana.  

A esta singularidad de la edición, se une otra circunstancia en el ejemplar compostelano que lo convierte en una pieza única en el panorama bibliográfico, y es el hecho de que sus grabados están afectados por un caso particular de censura. Las estampas que muestran desnudos presentan una serie de elementos utilizados para ocultar la exposición de los cuerpos que son cuidados diseños que contribuyen a aumentar el sentido artístico que caracteriza a esta edición. La mayor parte de las veces los cuerpos se cubren con sutiles ropajes, vestidos o mantos, como se ve en la estampa de Acteón inspirada en Rembrandt, mientras que en otras ocasiones se dibujan sobre los desnudos otros elementos, como el árbol que se superpone a la figura de Io en el grabado que la muestra ante Júpiter (grabado nº  12, p. 29), o el ceñido “vestido” de hojas que sube por el cuerpo de la Dafne perseguida por Apolo que comienza su metamorfosis en laurel (Grabado nº 11, p. 25). Todos los elementos de censura están realizados con tinta y con delicados trazos, lo que en muchas ocasiones ha hecho difícil diferenciarlos de las líneas del propio grabado. Se desconoce, no obstante, el momento y el autor de la artística censura, que se aparta de los habituales “borrones” o manchones de tinta, y que convierte, como ya hemos apuntado, al ejemplar compostelano en un verdadero unicum en el panorama bibliográfico ovidiano.  

La edición es, sin duda, una pieza singular, de la que se conservan pocos ejemplares. Concretamente, hasta el momento no tenemos constancia de la existencia de más de cuatro ejemplares en las bibliotecas españolas: el de la librería franciscana, que hemos presentado; el fantástico ejemplar de la Biblioteca del Senado; un ejemplar en Toledo, y uno en una biblioteca privada de A Coruña.

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Ovidio en San Martín Pinario

Seguimos en Santiago de Compostela buscando imágenes de Ovidio. Nos corresponde esta vez mostrar la biblioteca del Instituto Teológico Compostelano (ITC), que se ubica dentro del grandioso edificio del antiguo monasterio benedictino de San Martín Pinario, fundado en el 899, que llegó a ser el monasterio más rico y poderoso de Galicia. El edificio actual de San Martín Pinario acoge desde 1868 el Seminario Mayor de la Archidiócesis compostelana y, además, es sede del Instituto Teológico Compostelano, del Archivo Histórico Diocesano y de las facultades de Teología y Trabajo Social. Alberga también una hospedería y un museo.

La Biblioteca del Instituto Teológico, que se sitúa en la parte sudoeste del edificio y ocupa tres de sus plantas, no comienza a funcionar como tal hasta 1984, y en un principio se nutre de los fondos del Seminario Conciliar Central de Santiago de Compostela, de la posterior Universidad Pontificia Compostelana y del Seminario Mayor. Sin embargo, al crearse el Archivo Histórico Diocesano en 1975, la biblioteca pierde en su favor gran parte de sus volúmenes, especialmente manuscritos. Pese a ello, y gracias a estar ligada al Instituto Teológico Compostelano, se le otorga en 1996 la designación de Biblioteca de Estudios Teológicos de Galicia. Hoy en día está abierta al público y permite la consulta de fondos con el fin de facilitar la investigación científica y la formación personal de los interesados en los diversos campos que abarca: Filosofía, Biblia, Teología, Historia General, Historia de la Iglesia, Historia del Arte y Humanidades.

Desde 1891, cuando ya contaba con unos 12.000 volúmenes, el fondo de la biblioteca ha estado en constante crecimiento, de modo que en 1970 el número ascendía ya a 40.829 y hoy en día cuenta con más del doble, unas 85.000 monografías más 169 publicaciones periódicas, 2.000 folletos y 5.900 partituras. Dentro de este importante conjunto hay que destacar los 42.604 volúmenes que componen el fondo antiguo, las publicaciones anteriores a 1901, que es el que nos interesa de manera concreta en nuestra búsqueda ovidiana.

El conjunto de obras de Ovidio que se encuentran en la biblioteca del ITC constituye un buen muestreo de las ediciones académicas en latín de la producción que vio la luz entre 1710 y 1899: ediciones de las Metamorfosis con los comentarios y anotaciones de Minelli, de las obras de exilio con comentarios eruditos de miembros de la Compañía de Jesús publicadas en la imprenta que los Jesuitas tuvieron en Villagarcía de Campos y algunas otras publicadas en España que tuvieron una gran difusión para el conocimiento y estudio de las obras del poeta romano. Y precisamente a este fondo académico de los siglos XVIII y XIX pertenece el único ejemplar de obras de Ovidio que incorpora ilustraciones: una edición en tres volúmenes publicada a finales de siglo, en 1789.

El siglo XVIII es un siglo rico en ediciones de la obra ovidiana que se benefician de las extensas tareas de restitución del texto y de elaboración de anotaciones filológicas que ya habían acometido en el siglo anterior Daniel y Nicolas Heinsius (1629; 1659), Daniel Crispin (1689) y culmina con el trabajo de Peter Burmann (1727). Los textos corregidos y comentados se publican extensamente en diversos formatos y en diversos lugares para uso escolar y disfrute de los eruditos. Precisamente una edición que contiene todas las obras de Ovidio de acuerdo con el texto fijado y anotado por Peter Burmann  es esta de la biblioteca del Instituto Teológico, que se publica en Venecia en la imprenta de Tommaso Bettinelli.

La edición consta de tres volúmenes con la obra completa conservada. El tomo primero contiene las obras amorosas: Heroidas, Amores, Arte de amar, Remedios contra el amor y Sobre la cosmética del rostro femenino. El tomo se completa con otras tres obras ovidianas atribuidas que se suelen editar en conjunto con la poesía amorosa: Haliéutica, Consolatio ad Liviam y Nux. El tomo segundo contiene el poema de las Metamorfosis, y el tercero, los Fastos, las Tristes y las Pónticas.

Desde el punto de vista de la ilustración, esta edición en tres tomos se imbrica en la línea editorial de las obras completas del poeta que se había iniciado en el siglo XVII por la que en las publicaciones de corte erudito -ediciones latinas comentadas, a veces con extensas anotaciones filológicas- comienzan a incorporar esporádicamente algunos grabados de distintos tipos: una serie de corte alegórico que glosa de manera sintética los contenidos de los distintos volúmenes -en alguna ocasión, ilustraciones mitológicas en el volumen correspondiente a las Metamorfosis– y de manera recurrente,  un retrato del poeta, una práctica común en las ediciones de la obras de los clásicos, y en especial de los poetas, pero que en el caso de la imagen de Ovidio adquiere un relieve especial.

En esta línea, el aparato figurativo de esta edición veneciana es muy reducido. La única alusión al mito y al contenido clásico se encuentra en la viñeta que se repite en la portada de los tres volúmenes en lugar de la marca del impresor. En ella se muestra una escena que tiene lugar en unas pretendidas ruinas antiguas en la que la diosa Minerva, tocada con el yelmo y armada con su lanza y escudo, se aparece entre las nubes al dios Mercurio. La diosa le tiende una ramita con flores al dios, que va tocado con su sombrero alado y sostiene indolentemente su caduceo en la mano izquierda. Junto a Minerva aparece el mochuelo -su animal propio- posado sobre una especie de cornucopia.

El tomo primero contiene, además, un frontispicio con un retrato de Ovidio grabado y firmado por Pietro Scattaglia (1739-1810?). Por regla general, como sucede con el retrato que se incorpora en este ejemplar de la biblioteca del ITC, la reproducción de la imagen del poeta intenta dar a la vez la impresión de la recuperación de una imagen antigua y ratificada por la arqueología, y una representación de la característica fisonomía de un personaje marcado por sus rasgos faciales, de manera concreta, su imponente nariz, evocada en su “apellido”. Presentado como un poeta al uso, coronado de laurel, el retrato de Ovidio suele ir acompañado por una leyenda con su nombre o la referencia a su lugar de origen, y con frecuencia, como es el caso que nos ocupa, por elementos alegóricos que componen una especie de “bodegón mitológico”.

La imagen del poeta se inscribe en una especie de lapida que descansa sobre un arquitrabe con triglifos y una metopa en la que se lee la inscripción: P. OVIDIVS NASO. Encuadrado en un óvalo enmarcado por dos frondosas ramas de laurel, el busto de Ovidio muestra al poeta representado de perfil, coronado de laureles y mostrando, como ya hemos dicho, la gran nariz que caracteriza sus retratos desde el siglo XVI. En esta ocasión, bajo el clípeo ovalado que acoge la imagen ovidiana se encuentra una composición de objetos que remiten a los atributos de los dioses celebrados por Ovidio en sus obras: la lira de Apolo, la lanza de Minerva, el caduceo de Mercurio, la siringe de Pan, el carcaj de Diana, el tridente de Neptuno, y una cornucopia de la que brotan racimos y hojas de vid, en probable alusión a Baco. Un rollo de papel (o volumen) y unos crótalos o una pequeña pandereta completan la composición para recordar la poesía y la música.

Estas obras completas no se encuentran de manera corriente en las bibliotecas españolas, ya que, aparte del ejemplar compostelano, solo se conservan los tres volúmenes de la edición en la Biblioteca del Palacio Real (Madrid), en la biblioteca de la Universidad San Justino (Madrid), en la biblioteca del Instituto de Enseñanza Media Goya (Zaragoza) y en la Biblioteca Pública de Ciudad Real.

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Los Ovidios que habitan junto al Calixtino

El archivo-biblioteca de la Catedral de Santiago de Compostela se encuentra ubicado en uno de los brazos del claustro de la catedral, tras la imponente fachada barroca del Obradoiro y bajo bóvedas decoradas con motivos jacobeos que ya presagian el rococó. Surge con la inventio o descubrimiento del sepulcro del apóstol en Iria Flavia, alrededor de los años 820-830. Desde ese momento, se comienza a considerar el espacio del sepulcro y del posterior templo como lugar en el que conservar la documentación real, pontificia, eclesiástica y civil de la ciudad. Su función principal es albergar sus diversas colecciones del thesaurum medieval, así como la organización de la documentación, lo que también incluye la recopilación de archivos. Estas tareas fueron realizadas durante la Edad Media primero por el arzobispo Diego Gelmírez (quien realiza la primera ordenación archivística) en el primer tercio del siglo XII y posteriormente por el arzobispo Berenguel de Landoira en el siglo XIV. Sin embargo, no será hasta el año 1519 cuando el Cabildo nombre por primera vez un responsable específico del archivo.

Desde la inventio apostólica, esta entidad ha sido custodia de la documentación relacionada con la institución de la Iglesia de Santiago de Compostela, y cuenta entre sus decenas de miles de documentos (11.000 solo de la época medieval) con las Actas Capitulares (desde el XV hasta la actualidad), colecciones personales de canónigos como Antonio López Ferreiro o José Guerra Campos, las importantes colecciones documentales del Tumbo A y el Tumbo B y la joya de los documentos jacobeos: el Codex Calixtinus (siglo XII). Este último es bien conocido, si no por contener entre sus páginas iluminadas el texto más antiguo del Liber Sancti Iacobi, al menos por la sonada noticia de su sustracción el 5 julio de 2011 y su posterior recuperación un año después. En el espacio del archivo se puede visitar la sala en la que, flanqueado por los dos Botafumeiros de la catedral, se encuentra expuesto un facsímil del Codex.

Asociada al archivo, pero con entidad propia, la biblioteca de la Catedral de Santiago tiene una triple faceta: es biblioteca capitular, biblioteca jacobea y biblioteca auxiliar del archivo catedralicio. Su papel se ha potenciado desde los años 80 del siglo pasado, momento en el que se abrió al público el archivo y la biblioteca se convirtió en un valioso auxiliar de investigación. Con el nuevo siglo se han producido, además, dos hitos importantes para el valor y el sentido de la biblioteca catedralicia: la creación de un Centro de Documentación Jacobea y la dotación de un espacio específico para crear la Biblioteca Jacobea.

De sus tres facetas, en esta ocasión, nos interesa la biblioteca original que se funda en el siglo XV como fruto de las donaciones del chantre Alonso Sánchez de Ávila y del arzobispo Álvaro de Isorna. La librería catedralicia se termina en 1454 y se instala en una torre del claustro. En el momento, su fondo estaba constituido por un conjunto de libros reunidos para cubrir las necesidades de los canónigos: textos litúrgicos y bíblicos, que servían para sus actividades de culto; y obras de derecho, que empleaban en la defensa de los intereses del Cabildo, en el asesoramiento del prelado o en sus tareas en la audiencia arzobispal. En la segunda mitad del siglo XVI se documenta por primera vez el cargo temporal de guarda o portero de la librería, encargado de custodiar la biblioteca catedralicia, para el que el arzobispo Gaspar de Zúñiga (1569) estableció unas claras funciones de custodia y conservación que consistían en guardar la llave, mantener la biblioteca abierta dos días a la semana con horario fijo, limpiar los libros y la librería y permanecer dentro de ella para evitar los hurtos.

Tras la fundación de la Universidad de Santiago, donde fueron profesores desde el principio los canónigos intelectualmente más valiosos, decreció el interés del Cabildo por su propia biblioteca, lo que explica la parvedad del fondo durante toda la Edad Moderna. Sólo a partir de la Ilustración se sentaron las bases de la que más tarde sería la Biblioteca Capitular -actualmente visitable como parte del recorrido museístico de la catedral-, gracias a las donaciones testamentarias del canónigo maestrescuela, Diego Juan de Ulloa (1762) y del prior de Sar, Pedro Acuña y Malvar (1814). En la actualidad el fondo antiguo de la biblioteca de la catedral cuenta con casi 6.000 volúmenes publicados entre el siglo XV y el siglo XIX, entre los que figuran algunos incunables.

En este conjunto de libros antiguos la presencia de las obras de Ovidio es ciertamente escasa. Tan solo diez volúmenes componen el fondo de este autor clásico y su composición llama poderosamente la atención, porque no figura en el catálogo de la biblioteca catedralicia ninguna edición latina del poeta sulmonés. Ocho traducciones al castellano y dos al italiano componen el curioso panorama de un Ovidio que no es académico, lo que se explica por la cercanía de la gran biblioteca de la universidad en cuyos fondos se encontraban todas las ediciones eruditas del poeta desde el siglo XV. En consonancia con esta circunstancia, las ediciones ilustradas de la biblioteca de la catedral son dos traducciones del poema de las Metamorfosis, una al italiano y la otra al castellano, que se convirtieron en dos best-sellers en el siglo XVI.

Le Metamorfosi di Ovidio ridotte da Gio Andrea dell´Anguillara in ottava rima, Francesco de Franceschi Senese (Venecia, 1572)

La primera de ellas es un curioso volumen de pequeñísimo tamaño (10,5 cm.) que contiene la famosa versión italiana de las Metamorfosis en ottava rima, realizada por el poeta italiano Giovanni Andrea dell’Anguillara Se trata de una de las dos ediciones que ven la luz en Venecia en 1572 en casa del impresor Francesco de Franceschi, apodado Senese por su lugar de origen, responsable de dos de las primeras ediciones de la traducción. Esta edición, que aparece precisamente el año de la muerte del poeta, constituye la quinta reimpresión de la composición en verso de Anguillara, una de las traducciones más famosas de las Metamorfosis, que se va a reeditar recurrentemente -frecuentemente con ilustraciones- a lo largo de tres siglos, hasta finales del siglo XIX.

Desde el punto de vista del modo de ilustrar el poema ovidiano, esta edición es una muestra de la larga tradición, que viene desde época medieval, de acompañar cada uno de los quince libros con una sola imagen, colocada al inicio. Las ediciones impresas adoptarán este ritmo a partir del siglo XV, y las ediciones de la traducción de Anguillara en el siglo XVI mantienen el esquema incorporando quince grabados como ilustración. En el caso de esta segunda edición de 1572, a pesar de lo reducido de su tamaño, el volumen incorpora unas minúsculas xilografías muy sencillas (2,5cm x 3,5 cm), que van colocadas al inicio de cada uno de los libros, tras los argumentos de Francesco Turchi que acompañan al texto. Los grabados son unas copias reducidas, simplificadas y de escasa calidad de las magníficas xilografías que la traducción italiana ya en su primera edición de 1561, impresa en Venecia por Giovanni Griffio.

El ejemplar compostelano, que constituye una rareza en las bibliotecas españolas, sin embargo, está mutilado, así que carece de portada y de los seis primeros libros, que al parecer se perdieron, quizá porque el volumen original se dividió en dos partes. Estas debieron encuadernarse separadamente y solo se ha conservado la segunda, que contiene desde el libro séptimo al decimoquinto. Por tanto, solo se pueden contemplar nueve de las quince xilografías originales con las que contaba la edición, con temas como Jasón y los toros (libro VII), la representación de Escila entrega el mechón de su padre Niso al rey Minos (libro VIII), Hércules y Aqueloo (libro IX), Orfeo canto y la muerte del poeta (libros X y XI), Glauco y Circe (libro XIV) y el prodigio de Áulide (libro XII), el juicio de las armas de Aquiles (libro XIII) o la coronación de Numa (libro XV), que reproducimos más arriba.

    Las Transformaciones de Ouidio traduzidas del verso latino, en tercetos, octauas rimas por el Licenciado Viana, en lengua vulgar castellana. Diego Fernández de Córdoba, Valladolid, 1589

La segunda edición ilustrada del fondo catedralicio es la traducción al castellano de las Metamorfosis realizada por Pedro Sánchez de Viana en tercetos y octavas reales, impresa en Valladolid en 1589 por Diego Fernández de Córdoba. Publicada bajo el título de Las Transformaciones de Ouidio es una de las tres únicas ediciones españolas ilustradas. Tanto desde el punto de vista del texto como del de la ilustración, la edición de Viana es heredera del modelo de las ediciones de Anguillara, que en 1589 ya tenía varias ediciones a sus espaldas y circulaba por Europa como un best-seller. La edición de Viana nace ya  de manera consciente como un “reflejo” de este fenómeno, pues la fiel traducción del licenciado Viana está en octava rima, como la italiana, y el formato del libro no solo es similar en la caja del texto, sino también en la elección consciente del aparato figurativo, que se compone, igualmente, de un juego de quince grabados, uno por libro, encabezando el inicio del texto. Por su parte, la edición española incluye como anexo al texto ovidiano las Anotaciones sobre los quinze libros de las Transformaciones de Ovidio, del mismo Sánchez de Viana, que consiste en un extenso conjunto de comentarios sobre las fábulas y las historias mitológicas.

Sin embargo, a pesar de contar con el modelo reciente de las cuidadas ediciones venecianas -como la gran edición de la traducción de Anguillara publicada por Giunta en 1584 que incorpora unas magníficas calcografías firmadas por Giacomo Franco- el producto español, más modesto y menos cuidado, incorpora quince xilografías, obra de un artista anónimo, que son copias de calidad desigual de las que se incluyen en la segunda edición de la traducción de Anguillara que ve la luz en Venecia en 1563 editada por Giovanni Griffio a instancias del mismo Francesco de Franceschi Senese.

Cadmo y la fundación de Beocia (libro III); el episodio de las hijas de Minias (libro IV); Orfeo cantor (libro X); la coronación de Numa (libro XV)

Para ilustrar los distintos libros, los episodios escogidos parecen haber sido seleccionados, con alguna excepción, de acuerdo con el criterio de representar la escena descrita en los primeros versos de cada libro. Así, la edición se abre con una xilografía que ilustra la conformación del mundo, descrita por Ovidio en el primer libro del poema, representada a través de una escena de la creación que responde a la tradición cristiana con la imagen de un Dios creador entre nubes. Sin embargo, la secuencia de los episodios se ve alterada en esta edición que tiene numerosos errores de impresión, de modo que el grabado que ilustra la historia de Aracne, recogida en el libro sexto, está colocado por error al principio del libro noveno, y, por ende, el grabado con el combate de Hércules y Aqueloo, que se narra en el libro noveno, ilustra el libro sexto.

A pesar de sus carencias, la edición de Sánchez de Viana, conoce un éxito y una difusión sin precedentes en España, de modo que la mayoría de las bibliotecas españolas con fondo antiguo poseen uno o varios ejemplares. Hasta el momento tenemos localizados cuarenta y cuatro ejemplares, de los que veintiséis ya se encuentran accesibles en la Biblioteca Digital Ovidiana.

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