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En Fonseca: los Ovidios ilustrados de la Universidad de Santiago de Compostela (I)

Antes de iniciar la pausa veraniega, queremos hacer la primera de las tres visitas que hemos decidido realizar a la biblioteca que consideramos el origen de nuestro estudio sobre la ilustración de Ovidio: la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela.

La Biblioteca Universitaria tiene su origen en la primitiva Librería de la Universidad, creada a mediados del siglo XVI y situada en el Colegio de Santiago Alfeo, fundado por Alonso de Fonseca III, arzobispo de Santiago. Conocido también como Pazo de Fonseca, el edificio, que preside la Rúa do Franco con su interesante fachada renacentista, fue encargado por el arzobispo Fonseca a los arquitectos Juan de Álava y Alonso de Covarrubias. Todavía hoy sus dependencias albergan la Biblioteca Universitaria o Biblioteca Xeral de la Universidad, además de la excepcional Biblioteca América, el aula más antigua de la universidad y la capilla, que ahora sirven, ambas, como salas de exposiciones.

Biblioteca América. Foto cortesía de la Biblioteca Universitaria

Fonseca, que comenzó a funcionar como colegio universitario a partir del año 1544, es, pues, la cuna material de la universidad compostelana. Con la construcción de los otros colegios, el colegio de Santiago Alfeo, sin embargo, dejó de ser la sede única de la institución, pero esto contribuyó al inicio de la Librería que en 1573 tenía 646 volúmenes y, a partir de 1590, se confía al cuidado de los colegiales de Fonseca. La Librería se mantiene en este espacio como una institución que, a partir de 1716, convive con la recién fundada Biblioteca Pública de la Universidad. En 1840, el colegio de Fonseca se suprime como tal y es entonces cuando sus fondos bibliográficos pasan a incorporarse a la única Biblioteca de la Universidad.

Por tanto, la primitiva Librería es el germen de la actual colección histórica de la Biblioteca Universitaria, que se constituye paulatinamente a través de la adquisición de fondos por parte de la Universidad, de los donativos de destacados benefactores y de las valiosas contribuciones recibidas con motivo de la expulsión de los jesuitas en el siglo XVIII y por la desamortización en el XIX. Esto significó, entre otras cosas, la incorporación de las bibliotecas de los monasterios de Galicia entre las que destaca como la más importante, la del monasterio de San Martín Pinario de Santiago, cuya biblioteca moderna visitamos en nuestra entrada anterior.

Ejemplares del fondo histórico. Foto cortesía de la Biblioteca Universitaria

Por la riqueza de sus fondos bibliográficos, la Biblioteca Universitaria de Santiago de Compostela, que es en la actualidad una unidad funcional de apoyo a la docencia y la investigación, es una de las bibliotecas universitarias españolas más importantes. Su historia refleja la propia historia de la institución compostelana y, en gran medida, la historia de Galicia y de España. La colección de volúmenes, revistas, mapas y otros materiales bibliográficos, entre otras cosas, permite comprobar la riqueza cultural de las órdenes religiosas, rastrear la influencia de Italia en la cultura del Renacimiento en España y apreciar el influjo del movimiento intelectual de la Ilustración, en cuya época se consolida y alcanza su esplendor esta biblioteca.

Como es habitual, nuestro interés en la biblioteca compostelana se vuelve hacia su magnífico fondo histórico compuesto de 862 manuscritos, 141 incunables, 27.725 impresos de los siglos XVI al XVIII, más otros 29.727 impresos publicados entre 1801 y 1900. En este rico fondo universitario la obra de Ovidio está ampliamente representada por un extenso conjunto de sesenta y nueve volúmenes de cincuenta y cuatro ediciones distintas, que van desde ediciones críticas a traducciones, selecciones y comentarios. Entre ellas destacan, sin duda, las obras ilustradas del poeta: diecinueve ejemplares de quince ediciones distintas publicadas entre los siglos XV y XVIII. Precisamente en el rango temporal se encuentra la primera peculiaridad del interesante conjunto de obras ilustradas, porque resulta llamativo el hecho de que, a pesar de que la obra de Ovidio editada en el siglo XIX está razonablemente bien representada en la biblioteca universitaria, sin embargo no incluye ningún ejemplar de las numerosas obras ilustradas que ven la luz en durante ese siglo, ni siquiera de la única edición ilustrada española del XIX que se publica en Madrid entre 1805 y 1819.

Detalle de la exposición Ovidius vivit!. Salón del artesonado de Fonseca, antigua aula y actual sala de exposiciones. Foto Biblioteca Digital Ovidiana

Empezaremos el recorrido por el fondo de ediciones ilustradas de la universidad por el siglo XV, ya que uno de los más de cien incunables que atesora la Biblioteca Universitaria es una obra ovidiana ilustrada. Se trata de un ejemplar de la primera edición lícita del texto de las Metamorfosis con la exégesis y el comentario del humanista veneciano Rafael Regio (1440-1520), profesor de retórica en Padua y consumado latinista. La edición, que ve la luz en 1493 -con posterioridad al 5 de septiembre, aunque no se reseña la fecha en la publicación-, se imprime en casa del tipógrafo bergamasco Bernardino Benali e incluye por primera vez una ilustración que no está relacionada con la autoría del texto, como era habitual en las ediciones de los clásicos latinos de la última década del siglo XV.

La única xilografía que adorna el volumen va colocada como frontispicio antes del inicio del texto del poema comentado y muestra un diagrama cosmográfico circular, en el que se señalan los puntos cardinales, los vientos, las zonas climáticas de la tierra, y los solsticios y equinoccios.  La inclusión de este grabado, que, a partir de esta edición, aparecerá en la mayoría de las ediciones del poema con la exégesis de Regio publicadas en Italia y Francia durante la primera mitad del siglo XVI, supone el primer intento de ilustrar las ediciones académicas latinas del poema de las Metamorfosis de un modo diferente. El ejemplar compostelano, que está en muy buen estado de conservación, procede del Colegio de la Compañía de Jesús y es una de las cuatro copias de este incunable que se conservan en bibliotecas españolas, junto con las de Granada, Salamanca y Valladolid.

Los impresos del siglo XVI constituyen la parte más interesante del fondo de las ediciones ilustradas que posee la Universidad de Santiago. Los ocho ejemplares de la centuria constituyen un significativo muestreo de diferentes obras y procedencias, ediciones latinas y famosas traducciones, todas ellas ilustradas de diferentes maneras.

Las ediciones latinas, que comentaremos primero, están representadas por tres volúmenes de gran interés: dos ejemplares venecianos atribuidos al famoso impresor Giovanni Tacuino y un ejemplar de las Heroidas, impreso en Lyon por Etienne Gueynard. Los tres son productos de la primera mitad del siglo y suponen el inicio de la edición erudita de los textos de las obras de Ovidio con comentarios y con una ilustración pensada específicamente para mostrar el contenido de los distintos escritos del poeta latino. Los impresos venecianos, un ejemplar de la edición de las Tristes, que no tiene ni impresor, ni lugar ni fecha de publicación, pero se considera un producto veneciano del citado editor, posiblemente de 1515, y un ejemplar de la edición los Fastos que ve la luz en Venecia en 1520, se encuentran encuadernados  juntos en lo que llamamos un volumen facticio.

El primero de ellos, cronológicamente, es un raro ejemplar de las elegías del destierro que se considera una versión tardía de la edición del texto latino de los cinco libros de las Tristes, comentados por el humanista mantuano Bartolomeo Merula, que Tacuino había publicado en 1511 acompañado por un juego de cinco xilografías, cada una encabezando uno de los libros. El aparato figurativo del ejemplar compostelano está compuesto de la misma manera, aunque, en este caso, las xilografías son copias bastante mediocres de los grabados de 1511. Por lo que se refiere al carácter y contenido de las ilustraciones, cada grabado presenta una sola escena relacionada con las circunstancias vitales de Ovidio en relación con el exilio y el contenido de las elegías, que además va glosada por una frase latina que resume el contenido de la representación y remite al contenido del libro ilustrado. La xilografía del primer libro nos presenta a Ovidio entregando su obra al mensajero que lo llevará a Roma, la urbe que aparece representada en el fondo de la escena y va identificada por su nombre. La inscripción del grabado reza Ovidius exul librum alloquit (“Ovidio, exiliado, habla con su libro”) recordando cómo en el poema el autor interpela en primera persona al libro que irá a Roma sin él, convirtiéndolo en su primer interlocutor.

Grabado del primer libro de las Tristes (f. I)

  En las bibliotecas españolas solo se conservan tres ejemplares más de esta rara edición, uno en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid y dos más en la Biblioteca General de la Universidad de Salamanca.

De manera similar, el ejemplar de la edición veneciana de los Fastos de 1520, constituye también un caso especial en la ilustración de la obra ovidiana. El impreso es una reedición de los Fastos compuestos en casa de Tacuino en 1508 que presentan el texto latino del poema sobre las festividades religiosas romanas, comentado por los humanistas Antonio Constanzi di Fano y Paolo Marso, por primera vez acompañado de ilustraciones, una serie de xilografías, de factura desigual, que se colocan en el inicio de cada uno de los seis libros de la obra y que remiten al contenido del poema.  

Grabado del libro primero de los Fastos (f. 1)

Cada uno de los grabados que ilustran los libros muestra dos o tres escenas relacionadas con las fiestas y acontecimientos relacionados con el mes en cuestión, de enero a junio, de acuerdo con una estructura que ya se encuentra en las xilografías que acompañan al primer ejemplar ilustrado de otra obra ovidiana, el poema de las Heroidas o cartas de las heroínas, que Tacuino edita por primera vez comentado y acompañado de grabados en 1501. En el grabado del libro primero, dedicado al mes de enero, la ilustración muestra en la primera parte a Ovidio ante la estatua de Jano bifronte, y , a continuación, en la segunda parte, aparece Rómulo estableciendo el calendario romano. En las bibliotecas españolas solo hay un ejemplar más de esta edición de los Fastos que se conserva en la Biblioteca  de Reserva de la Universidad de Barcelona.

El tercero de los ejemplares de ediciones latinas de la primera mitad del siglo XVI es un ejemplar de la primera edición ilustrada de las Heroidas publicada en Francia. Un impreso lionés editado por Etienne Gueynard en 1513, que constituye una rareza en las bibliotecas españolas ya que además del ejemplar compostelano, que está muy bien conservado, solo hay otra copia en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid. Se trata de una de las ediciones compuestas del texto de las cartas de las heroínas, la epístola de Safo, que se había vuelto a descubrir a finales del siglo XV, y el Ibis, que van acompañadas de la introducción, anotaciones y comentarios de una serie de estudiosos -Antonio Volsco, Ubertino Clérico Crescentinate, Domicio Calderino y Josse Bade- que se ocupan de glosar e ilustrar de forma erudita las distintas obras.

Desde el punto de vista editorial y figurativo, estas Heroidas constituyen una muestra más de la estrecha relación existente entre los impresores venecianos y lioneses, ya que reproducen el modelo de la edición ilustrada de Venecia, impresa por Tacuino en 1501, con el mismo texto, y una portada y un juego de xilografías que están copiadas de la edición veneciana. Hasta la edición de 1508, incluida, las ediciones francesas de las Heroidas con este mismo texto no llevaban más ilustración que el grabado inicial de la portada con la imagen del autor y sus comentaristas, identificados por los nombres que van escritos en cartelas suspendidas en la parte superior de la imagen, una práctica común en las ediciones incunables y postincunables venecianas de clásicos latinos para representar a distintos autores sentados en  el scriptorium,  adaptando el grabado a cada obra por el método de modificar las cartelas con los nombres. La edición francesa de 1513 mantiene este tipo de portada, con Ovidio, flanqueado por Volsco y Ubertino, que aparecen entregados a la escritura en sus pupitres, pero incrementa el aparato decorativo y figurativo incorporando la serie de veintidós de xilografías que ilustran las cartas y el Ibis, y por ello constituye una novedad en el aspecto editorial y decorativo en Francia.

Los grabados para cada una de las cartas, copias fieles de las xilografías venecianas, acompañan y completan el texto en el intento de afrontar la narración de momentos significativos y reconocibles de las historias que se relatan en las epístolas amorosas. Para ello, se sirven de la estructura en tres partes diferenciadas, que hemos visto también en la edición de los Fastos, lo que permite simular la secuencia del tiempo y mostrar diferentes espacios en los que se desarrollan escenas y acciones, que a veces son simultáneas y paralelas.

Grabado de la carta de Ariadna a Teseo (f. liiiv)

Finalmente, la estructura compuesta de la edición se hace patente en el uso diferenciado de los grabados, que marcan el carácter autónomo de la epístola de Safo y del Ibis. Ambos textos van introducidos por dos grabados de mayor tamaño que no tienen la comentada estructura tripartita y muestran una sola escena alegórica a los contenidos de ambas composiciones.

Epístola de Safo a Faón (f. cviii)

Nos despedimos temporalmente. En septiembre, cuando hayan terminado las merecidas vacaciones, volveremos a la Biblioteca Universitaria de Santiago de Compostela para examinar el resto de las ediciones ilustradas de Ovidio del siglo XVI que descansan en su fondo. Valete.

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Ovidio en la biblioteca pública más antigua de Galicia

Empezamos nuestro recorrido en Galicia. Concretamente en una institución especial, la Real Casa Consulado de A Coruña, que reúne en sí los méritos de ser la fundación cultural más antigua de España y albergar la biblioteca pública más antigua de Galicia.

La Real Casa Consulado de A Coruña ocupa el número 58 –antaño 56– de la calle Panaderas (ahora Plaza Pintor Álvarez Sotomayor nº 1). El edificio se construye a finales del 1700 para ser la residencia familiar de don José Ramos, un comerciante coruñés que en aquellos momentos se encontraba viviendo en Cádiz. Pese a que se hicieron reformas en el edificio –como la que cubría una terraza de estilo andaluz, muy poco apropiada para el clima gallego– don José Ramos nunca llegó a ocuparla. La casa quedó en desuso hasta que el rey Carlos IV extiende un Real Privilegio el 29 de noviembre de 1785, por el cual se destinaba el espacio a la fundación del Real Consulado de Mar y Tierra.

Este edificio, con su reloj en lo alto y con sus ventanas, puertas y barandillas verdes, ha sido la sede, a lo largo de los años, de un sinfín de entidades. Además de la Real Casa Consulado, fue el hogar del Hospital de la Caridad, cuyos niños atendían también a las Escuelas Náutica, de Dibujo, de Comercio y de Hilazas. Ha sido el receptáculo del Museo Provincial de Bellas Artes, otorgado por Franco a petición del artista Álvarez de Sotomayor, que da nombre a la plaza frente al edificio­. En la actualidad alberga, entre otras, la Real Academia Gallega de Bellas Artes y, la que nos atañe, la Biblioteca de la Casa Consulado.

En 1803, el canónigo y escritor Pedro Antonio Sánchez Vaamonde solicita a Carlos IV la fundación de una biblioteca en A Coruña. La cédula es expedida el 2 de junio de 1803 y Sánchez Vaamonde comienza la adquisición de libros –entre los cuales se incluyen 4.500 ejemplares de su propia colección privada– y revistas, así como la recopilación de leyes y tratados.

Fachada del edificio que alberga la Casa Consulado en la calle Panaderas (A Coruña)
(Fuente: https://aco.gal/localizacion/es/72)

La Biblioteca Real Casa Consulado de A Coruña abre sus puertas el 15 de agosto de 1806, y durante dos días la ciudad lo celebra por todo lo alto. La Casa Consulado se viste con motivos alegóricos relacionados con el saber y los libros y, fiel al espíritu del Siglo de las Luces, permanece iluminada durante dos noches. Resiste el embate del tiempo, del Absolutismo, de la francesada y de la Guerra Civil, y llega casi intacta –pues algunos de los libros volvieron francamente maltratados de su estancia, entre 1942 y 1947, en los sótanos del Ayuntamiento da Coruña– hasta nuestros días.

En el informe sobre la biblioteca que escribe en 1860 el entonces Rector de la Universidad de Santiago, J. J. Viñas, se destaca la importancia de la biblioteca por la población en la que se hallaba y por su utilidad para profesores y alumnos, y, además, se da cuenta de la envergadura del fondo, que en el momento se componía ya de más de 10.000 volúmenes.

En la actualidad, alberga 19.661 títulos de monografías, varias obras en varios tomos, que suman 1.000 volúmenes más, y 449 publicaciones periódicas que suman otros 8.000 volúmenes, e incluye tesoros como un manuscrito inédito de Quevedo, un pergamino de América del siglo XVI, la documentación de las reformas de la Torre de Hércules en 1785 a cargo de Giannini, y un incunable veneciano de 1498.

Y entre los casi dos mil títulos de obras de literatura que posee el fondo, se encuentran numerosas obras de autores clásicos, incluido Ovidio. Sin embargo, la presencia de nuestro poeta latino no es abundante. Hay apenas ocho ediciones de sus obras, todas ellas del siglo XVIII , a excepción de la más reciente, una edición española del Arte de Amar publicada en Burdeos, que se fecha en 1802. El fondo ovidiano es una modesta muestra de la edición de las obras del poeta en el Siglo de las luces, pero relativamente variada, ya que incluye tanto ediciones latinas como traducciones, concretamente al francés y al español, que vieron la luz en diversas ciudades de Europa, de Londres a Venecia pasando por Zweibrücken, en Alemania; Villagarcía de Campos, en Valladolid; Burdeos, y, sobre todo, París, de donde proceden dos de ellas.

Y del conjunto total de publicaciones ovidianas, sólo tres son las ediciones ilustradas que conserva la biblioteca. Dos de ellas son ediciones latinas para uso académico, y una tercera, una interesante traducción al francés publicada en París en los tiempos de la Revolución.

La más antigua de las ediciones latinas es una interesante edición de las obras del exilio, las Tristes y las Pónticas, o cartas desde el Ponto, donde Ovidio vivió su expulsión de Roma. La edición conjunta de ambos títulos, publicada en Venecia en 1770 en casa del famoso impresor Remondini, lleva solo dos ilustraciones que, sin embargo, son muy adecuadas para acompañar a las elegías. Como frontispicio de la parte de las Tristes aparece el retrato de Ovidio que evoca no solo la autoría, sino también la gran presencia del «yo» del poeta en esta obra, lo que se refleja en la imagen. Para ilustrar las cartas desde el destierro la edición presenta, en cambio, un mapa de los ignotos y lejanos lugares que se convirtieron en el nuevo hogar de Ovidio, una imagen inusitada para ilustrar poesía que funciona como una aportación erudita que complementa las notas y los comentarios a esta obra contenidos en esta edición. Este mapa de los lugares ovidianos del exilio se incluye por primera vez en una edición veneciana de las mismas obras y con el mismo comentario publicada por Fenzi en 1756.

La segunda de las latinas es una importante y cuidada edición de las obras completas del poeta publicada en tres tomos en la ciudad alemana de Zweibrücken por la Sociedad Bipontina en 1783. La biblioteca de la Casa Consulado solo posee el primero de los tomos que contiene la obra amorosa de Ovidio, Heroidas, Arte de Amar, Amores, Remedios contra el amor y Sobre la cosmética del rostro femenino, además de otras obras atribuidas al poeta. No es una edición ilustrada en sentido estricto, pero consideramos que los discretos grabados xilográficos de las portadas de los tres tomos presentan imágenes pertinentes y adecuadas al contenido de cada volumen. En el caso del primero de ellos, y único que posee esta biblioteca, el grabado muestra la efigie de Ovidio en un medallón que simula una moneda con su nombre inscrito en griego. De nuevo la personalidad del genial poeta, caracterizado en sus retratos por su gran nariz que evoca su «apellido», hace acto de presencia para ilustrar las ediciones de sus obras.

La última de las ediciones ilustradas de la Casa Consulado es una edición francesa en tres volúmenes que contiene la traducción del poema de las Metamorfosis realizada por el poeta Jacques-Charles-Louis Malfilatre (1732-1767) a partir del texto latino del jesuita Joseph de Jouvancy o Jouvency (1643-1719). Se publica en París en el VII año de la República, es decir, entre los años 1798 y 1799. Aunque se trata de una edición pensada para las escuelas, va ilustrada con quince grabados a toda página que representan quince episodios del poema y funcionan como frontispicios introductorios de cada uno de los libros en los que se dividen las Metamorfosis. Cada tomo contiene cinco de los libros y por tanto va ilustrado con cinco grabados, a excepción del primero que incluye, además, un pretendido retrato de Ovidio bajo la apariencia de un poeta renacentista.

Los grabados de la edición son copias de regular calidad de las planchas creadas por G. Zocchi para ilustrar otra traducción francesa de las Metamorfosis que vio la luz en París en 1767. Las escenas representadas se ocupan de mostrar el clímax de una serie de episodios en los que las metamorfosis de los personajes son el centro de la historia, como en el caso de la transformación de Acteón en ciervo por obra de la diosa Diana, que se había visto sorprendida en el baño, o el momento en el que la diosa Venus transforma en una mujer real la estatua, obra de Pigmalión. Esta edición de la Casa Consulado constituye una rareza en las bibliotecas españolas puesto que solo se conservan otros ejemplares en la Biblioteca del Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid y en una biblioteca privada de A Coruña.

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